la
palidez del mundo embriagaba todo...
Un
cristal separaba lo opaco de la algarabía.
Dentro,
tú, humedecida de mi, me sonreías,
fuera,
la lluvia humedecía la monotonía.
Fino
cristal de pétreo esplendor
sutil
encanto nos devolvías...
Dentro,
mi dedo contorneando tus pechos
fuera, contorneaba el
viento para las hojas un lecho.
Ciudad
difusa... detenida...
cristal
opaco donde la lluvia dormía...
sutil
encanto que aviva en nosotros
el
infinito placer de rozar tu piel con la mía
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