El cerro San Cristóbal está ubicado a 400 metros sobre el nivel el mar y brinda a sus visitantes la posibilidad de contemplar Lima de una sola  mirada. Dicen que cuando el cielo está despejado se observan hasta las playas de Chorrillos y La Punta, la isla San Lorenzo. De noche impresiona la cruz luminosa de 20 metros de altura, que, imponente, custodia a los limeños desde hace 71 años, y puede ser divisada desde las vías que atraviesas la capital. Muchos aseguran que es luminosa, y realizan concurridos peregrinajes en Semana Santa y el primer domingo de mayo. cerro10.jpg (52845 bytes)

Parado en el mirador, el joven de rostro severo, que observa con un binocular a esa Lima que parece una maqueta en movimiento, se levanta, y, señalando con su dedo el inagotable y nubloso panorama, asegura que desde allí se vislumbra, también, las desigualdades de la capital. Los caóticos y poblados cerros contrastan con los modernos edificios y casonas capitalinas. Se observan techos regados de tierra, baldes, zapatos que jamás volverán a ser usados; precarias casas de adobe y cemento; además de caminos polvorientos. cerro08.jpg (34424 bytes)

Se admiran, asimismo, los atractivos turísticos, razón por la cual la gente visita estos lares: la Alameda de los Descalzos, el convento del mismo nombre, el Paseo de Aguas, la Alameda de los Bobos, la Plaza de Acho, el cementerio El Angel y la cúpula de la Catedral de Lima. Afluencia disímil. Una mirada  por los alrededores permite comprobar que a este mirador ascienden personas de todas las condiciones sociales. Mientras unos aparecen en autos, otros lo hacen a pie, cargando sus maletines con el almuerzo y su refresco de cincuenta céntimos. Los primeros   permanecen apenas unos minutos, observan y parten; los segundos, que llegan en grupos numerosos, después de gritar, saltar, jugar, descienden en forma apresurada para gozar de la gratuita complicidad del viento.

La policía turística y los soldados que custodian las 24 horas del día, son los responsables de proporcionar seguridad. las unidades móviles, denominados "urbanitos", efectúan por seis soles un recorrido turístico hasta el cerro. Parten de la Plaza de Armas, pero sólo los fines de semana y feriados, que es cuando acuden más visitantes este punto de Lima. cerro01.jpg (40458 bytes)

De lunes a viernes, la afluencia   de pública es poca. En esos días se observan a escolares que corretean y colorean con sus travesuras el cerro, como esos trece niños de Ate-Vitarte que se empeñaban en hacer evidente sus alegría. Hasta el  mirador y el museo de sitio, donde se aprecia una exposición fotográfica de Lima, arriban turistas con guías que relatan leyendas y les venden polos, gorros y afiches con imágenes del mirador más alto de Lima: ese cerro que nos mira imperturbable. Pizarro, el primer devoto. Es una tradición ascender a pie el cerro y colocar una piedra a las 14 cruces a las 14 cruces verdes distribuidas a los largo del camino, que representan la caída de Jesús. Además de esta práctica, existen otras que datan de tiempos milenarios y que son parte de la verdadera historia del San Cristóbal. Para los antiguos peruanos, los cerros que rodeaban los  valles eran dioses protectores o apus, espíritus guardianes y a la vez castigadores de los hombres. Al llegar los españoles y en el intento de apartar de sus idolatrías a los habitantes del país, plantaron cruces en las cimas y rebautizaron con nombres de santos los cerros. cerro09.jpg (33500 bytes)

Ricardo Palma en un relato de sus Tradiciones Peruanas, titulado Un cerro que tiene historia, asegura que Francisco Pizarro Bautizó el cerro con el nombre de San Cristóbal, por su devoción a este santo, y ordenó edificar la cruz en agradecimiento por haber librado a Lima de la invasión comandada por Tito Yupanqui, enviado especial de Manco Inca. En 1536 --cuenta la leyenda--Pizarro y sus hueste, que sólo eran 500, se enfrentaron  s 25 mil guerreros nativos, quienes planeaban toomar el cetro de la ciudad. Sin embargo, cada vez que intentaban cruzar el río Rímac eran arrastrados por la corriente y morían ahogados. Sin aparente causa lógica, la mañana del 14 de setiembre, día de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, los guerreros emprendieron la retirada. ¡Milagro de San Cristóbal!, gritaron los españoles.  Después organizaron una romería hacia la cumbre del cerro, donde se construyó una capilla y se colocó la enorme cruz de madera. El terremoto de 1746 destruyó la capilla. cerro02.jpg (38924 bytes)

 

 

 

 

 

 

La cruz vigilante. Durante el gobierno del presidente José Balta, esta cruz fue sustituida por una de encajes de fierro colado. La luminosa cruz de 20 metros, que en la actualidad se ve desde cualquier punto del   Centro histórico, fue inaugurada y bendecida el 23 de diciembre de 1928. El artífice de esta obra fue el párroco Francisco Aramburú, del convento de Los Descalzos. Cuentan que una noche tuvo un revelador sueño, y como era amigo del presidente Augusto B. Leguía le contó a este los detalles del sueño. "Desde la celda he visto totalmente iluminada la cruz del cerro", le dijo en la mañana siguiente. El primer mandatario dispuso inmediatamente colocar en la cumbre del cerro una cruz de 20 metros de altura, provista de 22 focos, pues planeaba convertirlo en el mirador más  alto de Lima. Cada primer domingo de mayo. Si antes de la conquista  los antiguos peruanos ascendían a la cima para llevar ofrendas y sacrificios a sus dioses; los españoles y misioneros lo hacían rezando el Vía Crucis y rememorando las estaciones de Jesús. Esta tradición la siguen hasta ahora los religiosos del convento de los Descalzos durante el primer domingo de mayo. EL Párroco Francisco Aramburú organizó en 1929 la primera peregrinación a la cruz de San Cristóbal. Es una de las manifestaciones más devotas de Lima, sin banda de músicos ni otra clase de homenajes.

 

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